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Arte
y emoción
A Paco Suárez Díaz con afecto
y admiración
¿Por qué nos cautivan una historia o una simple
escena, por qué nos atrapan en sus redes una
canción, o un poema, o un único verso? ¿Se trata
sólo de afinidades sentimentales o entra en juego
el goce estético? Dicho de otra manera: ¿sería
posible sólo apreciar estéticamente por ejemplo un
buen verso, sin que establezcamos algún tipo de
empatía emocional con él?
Yo no sé de escultura, como tampoco "entiendo"
de tantas otras facetas del arte. A base de años
de estudio, de dedicación y de hondo fervor, algo
puedo decir de una de las manifestaciones del
arte, la que atañe al uso de la palabra: la
Literatura. Por eso ahora más que de escultura
escribiré de poesía... Pero, ¿acaso estamos
nombrando dos artes tan dispares? ¿O sólo son dos
modos levemente diferentes de plasmar similares
aspiraciones del ser humano? En resumen: ¿no son
lo mismo la Poesía y la Escultura?
El poeta andaluz, español y
universal Antonio Machado concebía la Poesía como
‹‹una honda
palpitación del espíritu, lo que pone el alma, si
es que algo pone, o lo que dice, si es que algo
dice, con voz propia, en respuesta animada al
contacto del mundo.›› Y en otro momento añadía
que la Poesía es ‹‹palabra esencial en el
tiempo››. De ambas definiciones, y sobre todo
y por encima de todo, de la lectura de su obra
poética, llegamos a la constatación de que la de
Antonio Machado es una poesía intensa, en la que
lo fundamental es la sensación que despierta, no
la belleza elaborada, una poesía en que la escasez
de recursos deslumbrantes no se añora a la vista
del gran poder connotativo de los elementos
sencillos que la componen. Y también descubrimos
la importancia de ese ‹‹contacto con el mundo››
, una poesía que dialoga y responde a las
inquietudes que rodean a un poeta que no se aísla
en inalcanzables "torres de marfil".
Si miro las esculturas de Paco Suárez también
siento en ellas la aspiración a la esencialidad,
la concentración, la intensidad a la que aludía
Machado. Y del mismo modo no puedo dejar de ver
esas esculturas como el particular diálogo del
artista Paco Suárez con el mundo que le rodea, ese
contacto -del que también hablaba Machado.
con su mundo (que es nuestro mundo), el
modo elegido por este artista de llevar a la
escultura el amor, la pasión por su tierra y por
sus gentes, por sus costumbres y por su historia.
Otro poeta al que admiro, el periférico
autor catalán Joan Margarit, también ha puesto por
escrito su poética y, entre otras jugosas
consideraciones, nos lleva por sendas similares a
las de Machado cuando afirma: ‹‹es probable que
la poesía sea tan sólo una cuestión de intensidad.
[...] La poesía ha de ser exacta y concisa.
Intensidad quiere decir concentración››.
Intensidad, concisión, concentración... Cambiemos
sólo la destinataria de la definición,
sustituyamos la poesía por la escultura y
estaremos hablando de lo mismo, de Arte. Las
imágenes de Paco Suárez son por ello poemas sólo
que levantados con mimbres diferentes. En
el fondo, como ocurre con un poema, estas
esculturas concentran, atrapan el momento y evocan
una sensación o sugerencia, una idea o una
reflexión. Paco "desdice" la frialdad de los
materiales empleados. Sus figuras están vivas y
cuentan su historia, sus vivencias, hacen
perdurable su mensaje. Me llaman por ello la
atención los rostros, cómo percibimos -si
prestamos atención y le sumamos predisposición
imaginativa- la historia del personaje o cómo
simplemente inventamos una historia para esa
figura. Imágenes que concentran en un movimiento,
un gesto o una mirada, todo un mensaje. Hablan sin
decir, sugieren emociones desde el gesto contenido
y detenido, desde la inmovilidad de su "ser".
Ocurre por ello como en los versos que,
inamovibles en su escritura, traspasan sin embargo
los límites del tiempo y nos hablan desde la
quietud de sus palabras. ¿No hemos oído, a
pesar del tiempo transcurrido, cómo nos siguen
hablando Manrique, Quevedo, Garcilaso, Rubén
Darío, Lorca...? ¿No vemos cómo nos hablan, nos
susurran su historia las empaquetadotas de
tomates, el pescador, los moros del Tabor, la
aguadora y si hijo, las mujeres que miran al
futuro...? Criaturas (de creación), de un poeta o
de un escultor como Paco Suárez, todas ellas nos
seguirán diciendo durante mucho tiempo
desde la concentración en que han quedado
plasmadas.
También Margarit nos ha dejado recientemente esta
otra perla: ‹‹El límite de la poesía es el de
la emoción. Quiero decir que no me interesa el
poema que no contribuya a hacerme mejor persona, a
procurarme un mayor equilibrio interior, a
consolarme, a dejarme un poco más cerca de la
felicidad, sea lo que signifique ser feliz››.
Estoy plenamente convencido, porque lo conozco, de
que Paco Suárez suscribe esa aspiración que el
poeta vierte en su afirmación. Yo creo, desde
luego, en una creación -sea poética,
cinematográfica, arquitectónica, pictórica,
musical o escultórica- que busque como objetivo
último esa emoción de la que habla Margarit. En el
fondo simplemente se trata de que el sentimiento
prime sobre el entendimiento.
Última referencia. Nos cuenta el escritor
Vila-Matas cómo al autor checo-universal Franz
Kafka le atraían ‹‹las esculturas sólidas y
compactas›› que daban al espectador la
posibilidad de fijarse en ellas, frente a las
imágenes del cine ‹‹que pasan raudas y no
pueden ser "fijadas" y no permiten ser pensadas››.
No vamos a entrar en inútiles disquisiciones ahora
sobre la primacía del cine o de la escultura, como
tampoco antes lo hemos hecho sobre la poesía. Al
fin y al cabo hablamos de arte, de artes, y ante
cualquier manifestación artística es nuestra
subjetividad la que establece se escala de
valores. Lo que sí me llama la atención es el
hecho de que aflore otra vez el deseo de captar
emociones desde la concentración y la
"aparente" inmovilidad de una escultura, y
subrayo lo de aparente por cuanto queda claro que
no puede ser del todo inmóvil algo que es capaz de
despertar sensaciones vivas.
Sea cual sea el arte del que hablemos o hacia el
que volvamos la vista, al final nos encontraremos
con que simplemente cada arte tiene sus códigos y
en todas las artes caben la excelencia y la
vacuidad, lo sublime y lo miserable, la
esencialidad y la insustancialidad, la
trascendencia y la manipulación... En las
esculturas de Paco Suárez percibimos siempre el
afán por trasmitirnos emociones. ¿Qué más se puede
pedir a un creador?
José Arcadio Suárez Álamo
Profesor de Literatura
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Comentario
de la obra de Paco Suárez Díaz
Me
identifico con aquellas expresiones que por
sencillas y evidentes pueden transmitir emociones
y provocar en cada uno de nosotros inquietudes y
sentimientos que son sólo posibles para quienes
tienen la sensibilidad artística de encontrar en
una manifestación artística cuanto de sugerente
conmueve nuestros sentidos. Y así encuentro yo la
obra del compañero Paco Suárez, cargada de
emotividad y expresividad que produce en el
espectador una reacción que no deja a nadie
indiferente.
La temática hiperrealista
exagera la realidad que nos rodea, acaso porque la
propia realidad de la sociedad actual obliga a
muchos artistas a expresar mediante un realismo
exacerbado, lo que consideran objeto de crítica y
denuncia. Pero no es precisamente esta variante la
que motiva al compañero Paco Suárez, sino la de un
realismo costumbrista en la línea de maestros como
Francois Millet. Temas como “La aguadora con su
hijo”, “El pescador”, “La quesera” o “El
voluntario”, son de indudable temática social,
impregnada de compromiso personal y de indudable
temática actual.
La ejecución de sus obras
me recuerda el trabajo de otros artistas como
Rodín en sus inicios donde la belleza deja paso a
un realismo veraz que con el tiempo son
impresiones de vivencias extraídas de la
observación de una realidad. Por eso, los rostros
de las empaquetadoras de tomates no expresan
intención de belleza en sus rasgos, sino tan sólo
aquello que apreciamos, y no es otra cosa que una
situación viva. Así entiendo yo la obra del
compañero Paco Suárez, como una obra viva y
abierta al espectador. Cuando se observa la obra
de grandes maestros del arte universal como Henri
Moore, Archipenko, Calder o Tapies, vemos
ejemplos de inquietud anímica y de búsqueda de
nuevos materiales con los que identificar esas
inquietudes, que a fin de cuentas constituyen la
idea de cada una de sus representaciones. Y
valoramos cuanto de innovador tienen en la
trayectoria de la creación plástica del presente
siglo, pero a mí personalmente, me dejan en muchas
ocasiones indiferente. No pretendo en modo alguno
infravalorar las manifestaciones de aquellos a
quienes la crítica especializada ha otorgado un
papel destacado en la evolución de la plástica
contemporánea, pero sí indicar que ante una
instalación de Calder o del famoso calcetín de
Tapies para el MNAC (Museo Nacional de Arte de
Cataluña), yo me quedo con el homenaje a las
gentes sencillas que expresan una visión mas
cercana y sobre todo humilde.
Con relación a su obra
pictórica llama la atención la variada gama de
influencias artísticas que trabaja, desde una
naturaleza muerta con manzanas, molinillo de café
y almirez, no olvidando su constante de canariedad,
en ese objeto tan nuestro como es el molinillo,
amigo de tantas tertulias donde un buen café
acompaña la charla del amigo, hasta una
representación propia del más puro estilo pop
art, que tanto gustaba a la sociedad
neoyorquina de finales de los cincuenta y
principios de los sesenta, en esa bolsa donde
aparece la referencia de un establecimiento
comercial. Sus manzanas me recuerdan a Cézanne.
Creo que al tratar
diferentes temáticas, donde incluso está presente
una clara inquietud “fauve” en un desnudo
cargado de expresividad y energía compositiva,
indica una inquietud propia de un temperamento
inconformista y que no se detiene ante límites
estrictos ya establecidos convencionalmente.
La melancolía azul de
Picasso se halla presente en la joven desnuda
absorta a cuanto le rodea, con un cántaro como
única referencia de la constante en sus
composiciones: El sentido de lo local como
reafirmación de una identidad canaria.
Y me gusta que sea así,
porque el mismo Oscar Domínguez, cuando se hallaba
en la soledad de su buhardilla en París, relataba
a sus amigos lo que para él tenía de importante la
inclusión de símbolos canarios en sus
ensoñaciones, como la presencia de un drago, de la
cuevas de los guanches… Ser fiel a su identidad
incluso en un mundo de sueños. Y recordando la
triste trayectoria de otro paisano muestro que
también sintió en París la amargura de la lejanía,
Néstor Martín Fernández de La Torre, observo en el
paisaje de la villa de Agüimes, del compañero Paco
Suárez, una cierta influencia de la obra de
Néstor, cuando observo sus composiciones del risco
de San Juan, tan llenas del colorido simbolista de
esos años.
Me ha causado una grata
impresión la obra del compañero, porque me
identifico con aquello que forma parte de nuestro
sentir, de ahí las referencias que observo en su
obra de objetos, paisajes y gentes que son parte
de “lo nuestro”, que nos enriquece y diferencia,
tal y como un día dijera Alfredo Krauss a un
periodista italiano tras una actuación en la Scala
de Milán, al comentarle que “lo canario” lo
llevaba muy dentro.
Carmelo Jiménez
Doctor en Historia del Arte |
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Arte
y emoción
El
artista Francisco Suárez Díaz se ha
convertido en un referente de la escultura urbana
insular. De hecho, los municipios del sur y
sureste de Gran Canaria -Agüimes, Ingenio, Santa
Lucía de Tirajana o Mogán- son lugares en los que
podemos admirar sus creaciones. El escultor es
capaz de trasladar cualquier idea al bronce
definitivo: ninguna temática se le resiste.
Debemos resaltar su interés por el estudio
anatómico del ser humano, que en definitiva es el
destinatario de su creación, y su interés
sobresaliente por la captación de la psicología de
sus personajes, logrando acaparar la atención
obligatoria del espectador. En este sentido,
destacamos el grupo escultórico “Empaquetadoras de
tomates”, que se halla en una rotonda del Carrizal
de Ingenio, o la escultura en homenaje al Señor
Elías en la Plaza de Playa de Mogán. En ambos
casos, la comunicación arte-espectador es
inmediata y produce admiración. También es
destacable la preocupación por captar los rasgos
identificativos físicos y psicológicos de
personajes del acervo cultural canario en los
bustos y esculturas que ha realizado para los
municipios ya señalados. Pero no sólo en el
terreno de la figuración se desenvuelve el
artista, pues su obra “El futuro es Mujer” se
halla más cercana a la semifiguración y refleja
su doble vertiente creadora y docente. Con una
inusitada precisión y simplicidad de líneas en un
espacio ideal -mirador de las Crucitas en
Agüimes-, convierte su obra en un icono para la
coeducación, logrando con ello un hito en la
escultura insular de la provincia de Las Palmas,
pues es la primera vez que una obra representa a
LA MUJER alejada de temáticas muy repetidas y
tradicionales: maternidad o mujer asociada a
multitud de funciones: enseñante, aguadora,
aparcera, pescadora.... En esta ocasión la
temática nos habla de una clara apuesta por una
igualdad real de oportunidades que nos lleven a
una comunicación entre ambos sexos basados en el
respecto, convivencia y diálogo creativo.
En definitiva, quiero hacer constar la doble
capacidad de Francisco Suárez Díaz para
comunicarse con la sociedad a través de su arte:
docencia y creación, binomio fundamental para que
se produzca una interesante y enriquecedora
comunicación.
Pedro Andrés Naranjo Jiménez
Licenciado en Historia
del Arte por la Universidad Granada
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Paco
Suárez - Esculturas
El pasado como recreación emotiva se transforma en
presente.
Las
esculturas de Paco Suárez dialogan con el medio y
su gente.
Realistas
y de textura cálida, transmiten bondad.
La
importancia que para el escultor tiene la
“pequeña” memoria histórica se hace evidente en
gran parte de su obra.
La obra
escultórica de Paco Suárez tiene como
característica común el buen hacer que se traduce
en el dominio de los conceptos claves de la
escultura de todos los tiempos, una técnica de
factura clásica que no pierde nunca frescura.
Llama la
atención la elección de los detalles, los objetos
que acompañan a sus personajes, gestos,
posiciones,…logran una interacción inmediata que
va directa a la parte, bien de la memoria bien de
lo que nos hubiera gustado vivir o de lo que nos
gustaría encontrar a lo largo de nuestra vida.
Dan ganas
de conocer a los personajes que este escultor
recrea y “construye” porque son parte suya, salen
de su universo, de su sensibilidad, de lo hondo de
su ser, donde en un momento de su experiencia
vital aparecen seres como aquellos, pedazos del
paisanaje de su querido Agüimes o de su fantasía,
provista de detalles y sutilezas.
Ese
rescaño de la percepción visual y estética que
pasa a través del corazón, florece al
observar su obra.
Paco Suárez te
invita a establecer una relación con sus
esculturas, siempre creativa pero además afectiva.
Elsa de la Hoz González
Licenciada en Bellas Artes, profesora y pintora |
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Paco
Suárez - Escultor de Agüimes
Si
accedemos a Agüimes por la escarpada subida que
hasta ahí nos lleva desde el Sur, nos encontramos
frente a frente con una escultura que, sobre su
atalaya, proclama que el futuro es mujer y que la
Villa asume tal afirmación con orgullo.
La
obra, de dimensiones adecuadas al mensaje, es una
creación de Paco Suárez Díaz, hijo de esta tierra
en la que sí es profeta y autor de algunas de las
esculturas que conforman el museo al aire libre en
que se ha convertido el municipio.
Paco
Suárez ha realizado la mayor parte de su obra
durante los últimos años, un periodo fecundo en
que entra con pie firme y en el que, para bien de
todos, aún permanece.
Desde
el ya mencionado Homenaje a la mujer hasta
la entrañable Mariquita la de los chochos
-la mujer más fotografiada de Agüimes, a la que
nunca le falta la compañía de niños juguetones o
adultos cautivados por su profunda humanidad-, las
esculturas de Paco Suárez dan voz a la historia de
los hombres y mujeres de la Villa.
Porque
si algún elemento caracteriza su obra, es sin duda
la presencia en ella del ser humano. Paco ha
devuelto a las calles de su Agüimes a los
personajes, de manera concreta en unas ocasiones
–como es el caso de Mariquita-, y en otras
simbólicamente –las dos mujeres que acogen al
visitante llegado del Sur- representan la esencia
de lo que ha sido antaño y es hoy nuestro pueblo.
Así nos encontramos, en la amplia rotonda del
Cruce de Arinaga, al levantador de piedras que nos
habla del rico pasado aborigen de Agüimes, un
pasado que ha dejado huella profunda en la
identidad de nuestro pueblo. En el muelle de
Arinaga se sienta un pescador que rinde homenaje
al carácter marino del Agüimes costero, carácter
que impregna la vida y la personalidad del
agüimense, ese ser formado de mar y tierra. Y, al
llegar a Temisas, una aguadora nos anuncia que
hemos alcanzado uno de los más hermosos caseríos
tradicionales del archipiélago, un lugar que
parece, desde su privilegiada altura, cuidar de la
buena salud de nuestras tradiciones.
El
Palacio Episcopal representa la singularidad
histórica de Agüimes, su condición secular de
señorío episcopal. El parque que lo alberga,
llamado de los Moros por los vínculos del edificio
con el tabor de regulares que se instaló en la
Villa, acoge otra de las obras de Paco Suárez, que
se convierte una vez más en el cronista de la
historia popular de nuestro pueblo: sobre uno de
los bancos, conversan en torno a una pipa de kif
dos de aquellas personas que se establecieron en
un lugar lejano a sus hogares y que dejaron una
huella que las décadas transcurridas desde su
partida definitiva no han podido, ni
querido, borrar.
Mariquita, los moros del tabor, la aguadora, el
pescador… no es Paco retratista de reyes ni
potentados, sino del pueblo sencillo que es quien,
con su sudor, construye la verdadera historia de
los pueblos y les confiere identidad. Su labor es
encomiable: devolverles a los auténticos
protagonistas el lugar que les corresponde en las
calles de Agüimes y en el corazón de los
agüimenses.
Si
Paco te habla de su trabajo de escultor, verás sus
dedos moldear el aire con afán de transmitir lo
que para él significa el oficio, con gesto que
delata su doble condición de profesor y de
artista, en un esfuerzo por sacar de sí mismo su
pasión por reproducir el mundo para ofrecérselo a
los demás.
Vano
intento. El artista es el artista y los demás nos
conformamos con descubrirlo en su obra creativa. Y
cuando procede de un hombre con el talento de Paco
Suárez, conformarse con eso es un premio.
Antonio Lozano González
Profesor y Escritor
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Preciosismo
y vitalidad
Mariquita rodeada de niños que la abrazan y
acarician como cuando nos vendía chucherías, los
moros del Tabor, la madre de Temisas, las mujeres
dueñas del futuro, el pescador solitario, los
trabajadores del tomate.... son algunas de las
expresiones artísticas de este escultor agüimense,
formado en Bellas Artes en la Universidad de La
Laguna, donde empezó a aprehender el dominio de un
oficio, el dominio de una técnica, más allá que
como un simple instrumento, sino como un
extraordinario catalizador de emociones.
Si para juzgar una obra es fundamental el análisis
crítico de los entendidos, no es menos importante
la aceptación del espectador. En el caso de Paco
Suárez, su obra, distribuida por distintos
municipios, siempre en espacios públicos, ha
conseguido tocar de lleno los sentimientos de
aquellos a los que va dirigido su empeño
artístico.
Paco ha convertido su labor en un mundo de
sensaciones que se integra y convive, de manera
estrecha y cercana, con su entorno y sus
moradores. Ha sabido establecer una relación con
los ciudadanos desde la ejecución formal de una
idea que ha impregnado de historia y de vida,
cuidando los detalles con minuciosidad y
preciosismo, sin obviar la expresión vital más
íntima y, por tanto, más profunda, de la figura
que modela.
Para los que hemos podido seguir de cerca el
progreso creativo de algunas de sus obras, hemos
sido testigos de cómo una idea, una foto o un
modelo, empieza siendo un manojo de hierros y
mallas a los que va añadiendo barro, pasión,
entusiasmo, corazón..., hasta ir haciendo posible
una figura que cobra vida, expresión y
sensibilidad, más allá de los cánones formales que
contribuyen a la creación de una obra de arte.
A lo largo de su andar por el mundo de la
escultura, el más visible y al que ha dedicado más
esfuerzo en los últimos años, Paco Suárez
nos ha ido legando un trabajo coherente, riguroso,
pleno de formalidades estéticas pero también de
sensaciones y valores que tienen bastante que ver
con la historia de este pueblo y con los hombres y
mujeres que han construido su historia.
Con su obra, Paco Suárez ha colaborado de manera
notable a hacer posible la creación de un modelo
de museo escultórico al aire libre, que más allá
de diatribas de lo que debe ser el arte urbano, ha
conseguido captar la atención y avivado los
sentimientos de una colectividad, que ha sabido
comprender que detrás de los conceptos y la
materia, se encuentra un artista que ha sido capaz
de crear todo un universo de personajes que nos
acompañan cada día, llenos de vida, por nuestras
calles y plazas.
Antonio Morales Méndez
Licenciado en
Historia del Arte
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Memoria
en bronce
Lágrima de hielo y agua sobre el bronce al sol.
Crear para sobrevivir al tiempo y a la vida.
Antepasados reflejados, hombres y mujeres, sangre
y aliento plasmado sobre el frío bronce. Solloza
el niño-grande. Sonríe mientras modela en barro y
arena, con salitre y viento. Espectros del pasado
que lo adelantan y se le enfrentan. Estirpe del
señorío que le grita sin sonido. Calor y ternura
de madre y ejemplo de padre.
Hijos de carne y hueso e hijas de metal y sueño.
Elección consciente, decisión del destino. ¿Qué
piensan las figuras, las esculturas, las criaturas
de Paco Suárez sobre su creador? Semen, barro,
bronce, agua y fuego. Creando por amor, inventando
por encargo. ¿Y la pasión?
Hombre grande, persona interminable. Tan grande y
rotundo para ser un creador. ¿Una máscara? ¿Dónde
se esconde la sensibilidad para crear? ¿Qué
piensan las criaturas de su creador Paco Suárez?
¿Qué piensan? ¿Sienten o sólo representan?
¿Qué tienen los ojos de las esculturas de Paco
Suárez? ¿Por qué miran de esa manera? ¿De qué
manera miran? Las miradas de sus esculturas. Se
mira y no se refleja, se miran en el creador y no
se encuentran.
¿Tienen miedo? ¿Tienen miedo sus figuras? ¿Por qué
no esculpes el miedo? ¿Por qué no miran, por qué
no ven? ¿Quién les robó las miradas? Dicen los
viejos bocetos que una noche, estando el escultor
en su estudio, se vio reflejado en la mirada de
una de sus obras. Tenía tanta vida aquella mirada,
contenía tanta fuerza, tanta verdad que la mató.
Desde entonces se le ve deambular sin rumbo
buscando la mirada que le dé vida a sus obras.
Esta es la historia de un hombre que le tenía un
miedo atroz a la muerte, quería vivir eternamente
y creó hijos para perpetuarse en el tiempo, quería
ser eterno, inmortal. Creó en bronce. Memoria en
bronce para un corazón que no quería morir.
Figuras esculpidas con el viento del sureste.
Figuras creadas para la memoria del viento del
Atlántico. Figuras de tierra, viento y sol. Duras
para resistir, quizás demasiado duras para
expresar los sentimientos del autor. Quizás
demasiado rígidas para y por el encargo. Encerrado
desde niño en un cuerpo grande no sabe o no se
atreve a liberarse, a expresarse. Llora Paco,
llora y crea. Crea llorando, riendo, viviendo.
Demasiada contención en vida y en la creación. ¿Y
la pasión?
Levantando la piedra, mirando al futuro con cara y
cuerpo de mujer (grietas en la piedra, grietas en
el alma, paso del tiempo), dando agua, ofreciendo
golosinas, disfrutándolas también tú, tomateras
del sur fruto del dolor y de la sequedad de la
tierra, moros en el corazón de Agüimes, voluntario
urbano, pescador solitario (pescando el tiempo que
no se detiene y que se nos escapa de las manos).
¿Tienen
alma las criaturas de Paco Suárez? ¿Dónde están?
¿Cómo nacieron? ¿Por qué las parió así?
Las
gotas de sudor del pulseador, el cansancio y
desesperanza de las aparceras, la dulzura de la
mujer que calma mi sed, la calma-paz del moro en
territorio extraño-amigo y antecesor inconsciente
de sus compañeros de patera, el hombre al que no
le pesa un niño o mil en sus brazos, las mujeres
recortando el cielo e imaginando un luchado
futuro, el salado de los chochos para una dulce
alegría infantil en una plaza, en tu plaza, en las
plazas repetidas de tantas y tantas infancias
añoradas, la soledad del viejo pescador en un
muelle en el que aún golpean y rebotan los
momentos felices de unos niños cogiendo olas.
Figuras estáticas, demasiado fijadas al suelo,
demasiado hieráticas para la pasión que encierran,
brotes de vida demasiado atadas al presente,
vienen del pasado, conforman nuestro presente y
con vocación de futuro se lanzan a devorar el
porvenir, ¿Por qué no les dejaste salir y
demostrar sus entrañas? ¿Por qué el bronce se
convirtió en coraza y no en reflejo? ¿De qué
tienes miedo creador? Las criaturas son reflejo de
su autor ¿Temor a mostrarte desnudo en tu obra?
Corazón de bronce. Solloza el niño-grande.
Instantes más segundos, veranos y primaveras,
arrugas añadidas al álbum, besos y desamores,
bronce sobre bronce, olas dentro de la misma ola…
paso del tiempo… muerte y vida. La obra sobrevive
al autor. Paco Suárez se fue, Paco Suárez
permanece. Su obra se mantiene, su memoria
también. El niño-grande lo consiguió. Eres
inmortal viejo amigo.
Juan Antonio Brito Curbelo
Licenciado y profesor de Historia
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Recuerdos
Me llamo Antonio Rodríguez Martín, soy
natural de la Villa de Agüimes y habito en la
actualidad en el municipio de La Aldea de San
Nicolás. Ejercí como Profesor de Primaria y primer
ciclo de Secundaria a lo largo de unos 40 años, y
disfruto de una jubilación Logse. Aprovecho la
ocasión que me brinda esta página Web para
expresar a través de ella una serie de
RECUERDOS que llevo celosamente guardados en
mi alma desde hace mucho, mucho tiempo.
Recuerdo que, con
fecha de 15 de Septiembre de 1969 tomé posesión
como Maestro Propietario Provisional de la Escuela
Parroquial Graduada de San Sebastián de la Villa
de Agüimes, dependiente del Consejo Escolar
Primario del Patronato Diocesano de Canarias,
ubicada en el edificio “JESÚS SACRAMENTADO”,
inmueble en el que había realizado su actividad
educativa la Congregación de Hermanos de las
Escuelas Cristianas (La Salle). Para dar
continuidad al formidable y dilatado magisterio
ejercido en el municipio y su entorno por las dos
Comunidades Religiosas tuteladas por la
Testamentaría de doña María Jesús Melián Alvarado,
el Presbítero don José Cárdenes Déniz me hizo
partícipe de su proyecto de proponer, como
docentes para cubrir los nuevos puestos de
trabajo, a profesionales formados en ambos Centros
de Enseñanza. Ni que decir tiene que asumí gozoso
esta iniciativa de don José Cárdenes Déniz y que
me permitía una cierta complicidad con uno de mis
más ansiados sueños
Recuerdo que,
si bien la citada Escuela Parroquial Graduada,
dependiente del Patronato Diocesano de Canarias,
adquirió rango de Definitiva con fecha de 16 de
Septiembre de 1970, fue esa primera etapa de
funcionamiento Provisional la que marcó su línea
de trabajo sentando las bases de un quehacer que
le granjeó el prestigio cosechado a lo largo de su
existencia. Contribuyó a acelerar este
reconocimiento, de una parte, la estima y el
agradecimiento al trabajo ejercido con
anterioridad por ambas Congregaciones Religiosas
establecidas desde mucho tiempo en Agüimes; de
otra, el trabajo en equipo, esforzado, generoso y
altruista de los diferentes Claustros de
Profesores, cohesionados por vínculos de amistad,
entusiasmados en un mismo afán de servicio e
imbuidos del espíritu y la pedagogía lasalianos; y
coadyuvó aún más, si cabe, la total y espontánea
implicación de los Padres de Alumnos, conscientes
de la trascendencia de la educación, en un
proyecto de futuro para sus hijos en el que hacían
oídos sordos a los más que seductores cantos de
sirena orquestados en aquellas fechas por el
emergente mercado laboral del sector del turismo.
Recuerdo
que, en mi caso, existía un motivo más añadido
a los ya reseñados y que marcaría la pauta de lo
que iba a ser mi trayectoria profesional futura.
Sí. La suerte me tenía deparada una feliz
coincidencia: me había correspondido liderar una
promoción de jóvenes alumnos (he podido comprobar,
a lo largo de mi andadura docente, que tal
circunstancia se suele repetir por “camadas” cada
cierto tiempo) que constituyó mi mejor regalo en
la carrera, mi motivo de orgullo como docente, mi
referente a lo largo de casi cuarenta años de
ejercicio de la profesión.
Recuerdo que
aquel Curso resultó, a nivel personal, pródigo en
nuevas, estimulantes e inolvidables sensaciones
que, como dejo dicho, determinaron gratamente mi
actividad educativa. Para empezar, representaba
todo un reto ejercer la docencia en el pueblo de
nacimiento, haciendo caso omiso del “Nadie es
profeta en su tierra”, por lo que implicaba de
asunción de compromisos.
Recuerdo que
también tuve oportunidad de comprobar la veracidad
del consejo de Patronio al Conde Lucanor: “Si al
principio no muestras quien eres…” pues me
estimulaba y comprometía, desde el inicio, a
ejercitar con mis alumnos la duda, la crítica y el
contraste entre lo aprendido y lo vivido; a
propiciar el encuentro entre la escuela y el
entorno social, afectivo y emocional en el que se
encontraban inmersos; a utilizar el descubrimiento
crítico de la realidad frente a la mera
acumulación de conocimientos “en conserva”; a
hacerles partícipe de su propia cultura y de su
propia historia, estableciendo a priori las pautas
de comportamiento, fijando objetivos claros y
precisos a alcanzar, así como los mecanismos para
conseguirlos y la aplicación práctica de los
mismos en la vida.
Recuerdo que,
esta promoción de alumnos me brindó la
oportunidad, y la posibilidad, de llevar a la
práctica una serie de proyectos que bullían en mi
mente en orden a iniciar otros senderos en los
procesos de Enseñanza-Aprendizaje, caminos que
favorecieran la construcción de conocimientos,
destrezas, habilidades, actitudes, valores y
conductas afectivas que permitieran la maduración
y el desarrollo de los educandos como personas.
Emprendía, así, una nueva concepción de la Escuela
que pretendía, poco a poco, abrirse a la sociedad,
sacarla al sol, airearla, llevando su espacio de
actuación, no sólo al concreto de su realidad
física, el edificio, sino ampliarlo al entorno en
el que se movía.
Recuerdo que
las Matemáticas Modernas irrumpieron por vez
primera en las aulas del “Jesús Sacramentado”, Y
que la música, el teatro, el dibujo y la pintura,
las manualidades, las actividades extraescolares,
el jardín escolar, la proyección de películas y
documentales con fines didácticos,… como Áreas del
Currículum Escolar, o partes de ellas, tuvieron un
tratamiento especial, ilusionante y esperanzador,
propiciado, tal vez, por contar con un Centro
modelo en infraestructuras, dotaciones y
equipamientos que no podía ofrecer la Enseñanza
Pública del momento.
Recuerdo que
el deporte y los juegos al uso cobraron vida en
los alborozados corazones de cada alumno
desbrozando, literalmente, con sus manos y con sus
pies, el terreno de siembra que nos sirviera de
improvisada cancha hasta convertirlo en
polvorienta pista polivalente, trocando el ocre de
la realidad por el verde de la esperanza en un
mejor futuro. Y, así, el polvo, el sudor, la
ilusión y su inagotable imaginación espolearon sus
mentes a descubrir horizontes nuevos, propiciado
todo ello con sus habituales y anheladas
confrontaciones futbolísticas con otros jóvenes de
Santa Lucía, “Casa del Niño”, Fataga,…
Recuerdo
que, en aquel alborear del Patronato, conocí a
un chiquillo flaco y espigado; de afiladas
facciones y de tez clara; de mirada expresiva,
franca y serena. Algo ensimismado, aparentaba un
cierto retraimiento o, simplemente, un mal
disimulado pudor que uno achacaba a la falta de
experiencia en la vida; no obstante, se le veía
muy seguro y directo en sus razonamientos. Se
llamaba Francisco Suárez Díaz, era muy
comedido en sus actuaciones, singularmente
respetuoso con todos los compañeros y precozmente
consciente de su valía. Sí, yo diría que empezaba
a forjar su incipiente personalidad: inquieto,
inteligente, muy trabajador, participativo y con
una permanente sonrisa en los labios. Por ponerle
un pero, por aquel entonces parecía un tanto
desgarbado en la práctica del fútbol, pan nuestro
de cada día, pero no rehuía su implicación en el
mismo.
Recuerdo que
Paco Suárez Díaz me traía a la memoria, muy
mucho, a su padre, persona muy querida y respetada
en el pueblo. De un proceder comedido, respetuoso,
servicial y con un cierto halo a caballero
andante, tanto por sus buenas maneras como por su
físico, el progenitor de Paco Suárez, intuía yo,
ejercía sobre su hijo una especial ascendencia que
resultaba de todo punto muy positiva, salvando las
distancias de la edad, por supuesto.
Efectivamente: Don Francisco Suárez, padre, era
todo un caballero. Y su hijo, la prolongación de
sus virtudes como persona.
Recuerdo que
Paco Suárez Díaz, descollaba entre sus compañeros
por su notable habilidad para el dibujo, pericia
que dejó meridianamente clara con la presentación
de un boceto a lápiz para la decoración de una
pieza teatral que preparábamos. Barruntando
cualidades, le animé a que lo plasmara en grande,
y a color, para que sirviera de telón de fondo que
ilustrara la escena de la representación teatral.
¡Fue todo un acierto!
Recuerdo que,
animados por el éxito, nos aventuramos cierto día
en una visita a un Centro Comercial de Las Palmas
de Gran Canaria con la idea puesta en la
adquisición de los más elementales y módicos
útiles necesarios para la práctica de la pintura,
pues Paco Suárez atisbaba maneras que prometían un
más que probable maridaje con el mundo del arte;
se intuía en él, cercano, el alumbramiento de un
nuevo amanecer en el que los colores, las formas y
los volúmenes brotaran de sí con la fuerza, la
expresividad y el realismo que avizoraba. ¡Y no me
equivoqué!
Hoy, los
recuerdos afloran a mi mente y se traducen en
gratificantes emociones. Emociones de un
reencuentro, de un abrazo entre el ayer y el hoy;
entre el pasado y el presente; entre la promesa y
la concreción de la misma; entre la utopía y la
realidad… Inexorablemente, las circunstancias de
la vida nos han alejado al profesor y al alumno.
El contacto físico se ha roto por mor del tiempo y
de las distancias de todo tipo. El afectivo, no.
Ha permanecido aletargado, como el arpa, en espera
de la ocasión propicia.
Hoy, el reencuentro
con el ayer ha encendido, mejor, ha inflamado, ha
enardecido los ánimos insuflando nuevos bríos, si
cabe, al cúmulo de ilusiones, proyectos,
intenciones, propósitos, de sueños de antaño que
el tiempo, la voluntad decidida y el trabajo a
conciencia se han encargado de hacer realidad.
Hoy constato que
Paco Suárez, una gema que me cupo el honor de
ayudar a descubrir, es toda una gozosa realidad,
un artista consagrado. ¡Y en su pueblo! ¡Y,
encima, enarbolando el testigo de la docencia que
me ha correspondido cederle! Seguro que, como
antes hiciera con él, la exigencia en el trabajo
bien hecho será la mejor garantía para la
conquista del futuro por parte de sus educandos.
¡Por supuesto que
sí!: Todos estos recuerdos hacen que hoy me
sienta felizmente identificado en su quehacer, y
que me enorgullezca de contribuir humildemente con
mi granito de arena a la proyección de mis
ilusiones más íntimas aupadas a su persona.
Hoy levanto mi copa
y brindo por ti, Paco Suárez, y por los otros
compañeros de promoción tuyos que, igualmente, han
superado con creces al maestro y le conceden la
corona más preciada: la de trascender en el tiempo
a lomos del buen hacer de sus discípulos...
Antonio Rodríguez Martín
Profesor |
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